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La solución final capitalista

Hace diez años, el poeta y dramaturgo alemán Heiner Müller dejó claro, en una entrevista, que no veía a Auschwitz como un desvío o excepción, sino sí como altar del capitalismo, último estadio de las Luces y modelo de base de la sociedad tecnológica. Auschwitz sería el altar del capitalismo porque allí el hombre es sacrificado en nombre del progreso tecnológico, porque el criterio de la máxima racionalidad reduce al hombre a su valor de materia prima, de material; sería el último estadio de las Luces al realizar plenamente el cálculo, por ellas inaugurado; y, finalmente, sería el modelo de base de la sociedad tecnológica porque el exterminio en escala industrial consagra incluso en la muerte la búsqueda de funcionalidad y eficiencia, principios fundamentales del sistema técnico moderno. El comentario de Müller vuelve con fuerza total a la mente cuando se lee el último libro de Susan George, que acaba de ser publicado en Francia, traducido del inglés. Le Rapport Lugano (El informe Lugano) muestra que la lógica de la “solución final” no se disolvió con el fin de los campos de concentración; muy al contrario, está ahí, más actual que nunca, maquinando la estrategia neoliberal implementada en escala planetaria. La aproximación puede parecer abusiva, pero no lo es: Müller sabía que la estrategia nazi de aceleración total, tanto económica como tecnocientífica, obedecía al principio de la selección, ésto es, del derecho del más fuerte; George sabe que la estrategia neoliberal reposa sobre ese mismo principio, al plantear la misma cuestión totalitaria: quién tiene el derecho de sobrevivir, quién está condenado a desaparecer. Ambos odian y combaten la selección porque conduce al genocidio.

Perspectiva sem complacência

Perspectiva sin complacencia Susan George percibió el carácter genocida implícito en la estrategia global del neoliberalismo cuando, constatando que el sistema actual es una máquina universal de destrucción del ambiente y de producción de perdedores, buscó ponerse en la posición de aquellos que más lucran con ella y descubrió que estaban inquietos. “(El presidente del Banco Central de los EE.UU.) Alan Greenspan se inquietaba con la exuberancia irracional del mercado, (el megainversor) George Soros se inquietaba con los excesos del capitalismo, el principal economista del Banco Mundial se inquietaba con el impacto y la severidad de los programas de ajuste estructural en los países pobres, el director responsable por la economía mundial del banco Morgan Stanley se inquietaba con “la impiedosa confrontación por el poder entre el capital y el trabajo” que se anunciaba, y muchas personas se inquietaban con la polarización social y el desmoronamiento del ambiente. Sin embargo, nadie parecía hacer la conexión entre todos los aspectos de esa situación, por lo menos en público.” Si fuera tan rica y poderosa como ellos, pensó entonces George, daría todo para obtener una perspectiva del proceso global trazada sin complacencia, ya que, por una cuestión de sobrevivencia, los señores de la tierra precisan un diagnóstico del sistema y recomendaciones para asegurar el control de su evolución futura. Ahora, si tal estudio existiera, sería hecho por esos “policy intellectuals” que transitan entre las universidades de prestigio y las altas esferas gubernamentales. Es muy probable que tales análisis existan, pero estos, evidentemente, jamás vendrían a público. George decidió entonces escribir lo que precisaría saber, si formara parte del selectísimo club que decide la estrategia de sobrevivencia de la “clase express”; y, para poder escribir, concibió un recurso literario extremamente instigante: imaginó que algunos incógnitos miembros de la élite global habían encomendado a un grupo de trabajo formado por especialistas de todas las ciencias humanas un estudio secreto destinado a “definir los datos estratégicos que permitirán mantener, desarrollar y reforzar el dominio de la economía capitalista liberal de mercado y los procesos que el término ‘globalización’ resume de modo eficiente”. Reunido en Lugano, pacato y bello refugio suizo de millonarios, el grupo de trabajo habría entonces elaborado su diagnóstico y, en noviembre de 1999, entregado el “Informe Lugano”, que tiene por título oficial “Cómo preservar el capitalismo en el siglo XXI”.

A encomenda secreta

El encargo secreto La invención del encargo secreto ahora hecho público es el único elemento ficcional de esa evaluación implacable –todo el resto es documentado por medio de la masa de datos debidamente ponderados y presentados en el lenguaje frío e imparcial de la tecnocracia. Pero en vez de crear un efecto literario, la articulación entre ficción y realidad tiene el poder de captar la dimensión monstruosa del proceso en curso. En efecto, todo pasa como si Susan George hubiera recurrido a la situación ficticia para pensar hasta el final el pensamiento de los neoliberales, para llevar a las últimas consecuencias sus premisas económicas, políticas, comerciales, financieras, ecológicas y demográficas. La primera parte del “Informe” es dedicada a las amenazas que pesan sobre el sistema, al papel de las instituciones internacionales de control y al impacto generado por la actual relación explosiva entre consumo, tecnología y población. He aquí algunas de las conclusiones del grupo de trabajo: 1) los gobernantes intentan convencer a los gobernados de que el orden económico neoliberal puede incluir a todo el mundo en todos lados, por más numerosos que sean en el presente y en el futuro. Pero no existe la menor posibilidad de integrar a una población mundial de 6 a 8 mil millones de personas. 2) Antes de la globalización, los procesos económicos eran sobre todo nacionales y operaban por adición. Hoy, precisamente porque se tornaron internacionalizados, operan por sustracción; es el llamado “downsizing”, cuanto más se eliminan elementos humanos costosos (mano de obra), más aumentan los lucros. 3) La cultura capitalista se caracteriza por la competición y por la “destrucción creadora”. Pero los países donde la economía mercantil dio forma a una cultura capitalista dominante durante siglos constituyen hoy sólo 10% de la humanidad. Tal porcentaje es de muy mal augurio para el futuro del sistema. 4) Las condiciones mínimas para que el capitalismo global perdure y triunfe no pueden ser satisfechas en las actuales condiciones demográficas. No se puede al mismo tiempo apoyar el capitalismo y continuar tolerando la presencia de millones de humanos superfluos. 5) Una población total del planeta más reducida es el único medio de garantizar la felicidad y el bienestar de la mayoría de las personas. Tal opción puede parecer dura, pero es dictada por la razón y por la compasión. Si deseamos preservar el sistema liberal, no hay alternativa.

Limpieza social

Una vez planteada la cuestión de la reducción de población, el Informe pasa a discutir las estrategias para “resolver” el problema de los excluidos por medio de lo que Müller llama “limpieza social”. Antes que nada, los sistemas genocidas como el Holocausto son considerados estrategias malas por varias razones: se apoyan en enorme burocracia, son demasiado caros e ineficientes, confieren demasiado poder y responsabilidad al Estado, no pasan desapercibidos, atraen la ruina y el oprobio a sus autores. Dice el informe: “El modelo de Auschwitz es lo contrario de lo que precisamos para alcanzar el objetivo. (…) La selección de las ‘víctimas’ no debe ser responsabilidad de nadie sino de las propias ‘víctimas’. Ellas se seleccionarán a sí mismas a partir de criterios de incompetencia, de inaptitud, de pobreza, de ignorancia, de pereza, de criminalidad y así sucesivamente; en una palabra, se encontrarán en el grupo de los perdedores”. Definidos los objetivos y los cuatro pilares que fundamentan la ambiciosa empresa, el pilar de la ideología y de la ética, el económico, el político y el psicológico, el “Informe” propone, como estrategias de reducción de la población, una actualización concertada de los flagelos configurados por los cuatro caballeros del Apocalipsis: la Conquista, la Guerra, el Hambre y la Peste. Vistos en esa perspectiva, los conflictos regionales, las crisis, las epidemias y los derrumbes que asolan a las economías y sociedades del Tercer Mundo adquieren una inteligibilidad espantosa, hasta entonces irreconocible. Pero la producción de destrucción no tiene apenas inspiración bíblica: hay también estrategias que ni San Juan de Patmos ni Malthus podrían concebir, porque son preventivas y dependen de la política y de la tecnología del siglo XX: aquí tienen lugar los inhibidores de reproducción, como las esterilizaciones en masa, la contracepción forzada, etc. A las dos partes del “Informe” Susan George añade un capítulo de comentarios sobre las maneras de reaccionar al mismo y un posfacio, en el cual revela cómo y por qué inventó su ficción. Lectora del antiguo estratega chino Sun Tzu, ella simplemente aplicó su precepto: no haga lo que más le gustaría hacer. Haga lo que a su adversario menos le gustaría que hiciera.

Publicado in
Folha de São Paulo, Caderno +mais!, domingo, 24 de setiembre de 2000.
Traducido por Cecilia Diaz Isenrath
Nota: publicación original del libro de Susan George “The Lugano Report”, Ed. Pluto, 208 págs. Edición brasilera “O relatório Lugano”, Editora Boitempo, 2002, 224 págs.
Imagen: Fairy Tales of London, John Keane.

Este artículo también está disponible en: Portugués, Brasil

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